sábado, 11 de agosto de 2012

Qui antany fer llata volia, a les barqueres anava i palmes arrabassava…


“Fer llata” o “hacer la pleita” es un antiguo oficio que se desarrolló en Riba-roja hasta bien entrados los años ’80. Sabemos que ya se hacía antes de la Guerra Civil. La falta de industria por aquella época en Riba-roja y la mentalidad machista que decía que la mujer “no servía para el trabajo”, hicieron que muchas de ellas se dedicaran a hacer pleita para aportar algo de dinero a sus familias.
La pleita es una trenza ancha que se hace con esparto. Con ella se confeccionaban capazos, esteras para los carros o alfombras. Había de tres tipos: gruesa (que se hacía con 7 kilos de esparto), mediana (con 6 kilos) y menuda (4 kilos de esparto) y todas medían 30 varas valencianas (unos 27 metros).
El proceso de elaboración constaba de varias fases: normalmente se juntaban varias mujeres, en casa de alguna o en la calle, y comenzaban “fent els manollets”. Había que ablandar el esparto, así que estos manojos se ponían a remojo toda la noche en un lebrillo o en la pila. Por la mañana se escurrían y se picaban, esto es, se golpeaban las puntas de los manojos contra una piedra o el respaldo de una silla para que no pinchasen. Después de esto se metían en un saco húmedo para que no se resecasen durante el periodo de confección. Conforme se iba haciendo la pleita, se iba midiendo de media en media vara (unos 45 centímetros) hasta llegar a las 30 varas. Finalmente se esquilaba cortando las puntas que sobresalían y se enrollaba atándola por el centro.

“A poqueta nit” las chicas salían a “tornar la llata” a la casa donde habían conseguido el esparto. La primera casa de la que se tiene conocimiento que se dedicase a repartir esparto estaba en la Plaza de la Torre: la de “la tía Pepa de Constantino”. Después de la guerra hubo otras como la tienda de “LIiseta de Panoli” en la Carretera de Valencia, la tienda de “Lluiseta” en la calle Corazón de Jesús o la de “Lliseta” en la Carretera de Villamarchante. También estaba la casa de Teresa Ballester en la calle Miguel de Cervantes, la de Daniel Facundo en la calle del Santísimo Cristo y la casa de Amparo Ramos en la calle del Conde.

Si la casa era una tienda, cambiaban pleita por alimentos u otras cosas de utilidad. Si no, se les daba el importe correspondiente. Antes de la guerra, 2 pesetas por una pleita gruesa, 1’50 por la mediana y 1 peseta por la menuda. Precios que aumentaron hasta llegar a las 1500 pesetas que se pagaban por pieza en el año 1989. En este año ya casi nadie hacia pleita, sólo un par de mujeres que lo hacían por encargo. Poco quedaba del tiempo en que se podía ver a grupos de mujeres trabajando el esparto en las puertas de las casas de Riba-roja.

En la actualidad, aún podemos tener la suerte de conocer este antiguo oficio en vivo y en directo. A veces, en fiestas como la Nit de Poble, algunas mujeres del pueblo nos muestran cómo se hacía un capazo o una estera de manera totalmente artesanal.

Fuente: Enrique Jarabú
Extret de; http://ribarrojadelturia.wordpress.com/2012/04/05/fer-llata/

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